18:08 de la tarde del segundo día del cónclave para suceder a Francisco. Todo seguía el proceder habitual en el CESET de Málaga. Pero aquel 8 de mayo, en pleno cónclave, el nerviosismo se palpaba debajo de la superficie de una actividad lectiva intensa ante el final del cuatrimestre, que se encontraba cerca. Elena López Abelaira, profesora y secretaria del CESET; José Manuel Ferrary, profesor de Derecho Canónico, y Álvaro Dawid, alumno y seminarista comparten cómo vivieron el momento de la elección de León XIV.
En el Centro de Estudios Teológicos San Pablo estaban en plena actividad lectiva cuando la fumata blanca anunciaba la gran noticia. Elena López Abelaira, profesora y secretaria del mismo, explica que «hemos aplaudido, hemos rezado y, con la venia del director, nos hemos puesto a verlo. Estábamos todos emocionados, más aún de verlo a él emocionadísimo. Al verlo salir, vimos a Jesucristo en sus primeras palabras: «la paz esté con vosotros»». Álvaro Dawid es alumnos de primer curso, seminarista, de 25 años y de la parroquia de San Fernando, en el barrio de El Cónsul, en Málaga. «Nos ha pillado en mitad de las clases. En concreto a mis compañeros y a mí nos ha pillado en clases de Teología del Laicado, y teníamos puesto el canal de noticias del Vaticano en directo. En cuanto hemos empezado ver el humo blanco salir de la chimenea, lo hemos avisado al profesor Santiago Vela y se ha parado la clase, por supuesto. Un detalle muy bonito ha sido que, improvisadamente, nos hemos puesto de pie y hemos decidido rezar por el nuevo papa», narra emocionado. La clase ha seguido con normalidad, y al terminar nos hemos quedado alumnos y profesores en un aula para ver la pues el anuncio y la salida del nuevo papa al balcón». Álvaro sopesa los acontecimientos desde el poso que estos dejan en su corazón: «el hecho de que haya salido en la cuarta votación creo que es motivo de alegría para toda la Iglesia, porque estos días en las noticias hemos leído y escuchado todo lo contrario. Los pronósticos eran que cónclave iba a ser muy largo, que los cardenales no se conocían, se hablaba en los medios de divisiones, bandos y, al final, se han puesto de acuerdo en la cuarta votación, muy pronto, y eso es signo de que existe y está y es real esa unidad dentro de la Iglesia, que en ella no rige la lógica humana sino la lógica divina». «El Espíritu Santo ha soplado y los cardenales se han puesto de acuerdo. Por supuesto que la Iglesia está formada por hombres y mujeres que cometen errores y tienen defectos. Pero de nuevo, creo que el hecho de que haya salido tan pronto el Papa es motivo de alegría para todos nosotros».
«Cuando ha salido al balcón -sigue contando Dawid- lo primero que nos ha impresionado ha sido lo emocionado que estaba el Papa. Se le veía muy emocionado y a mí eso personalmente me ha tocado mucho. Ver a este hombre, ya que no deja de ser un hombre normal y corriente, emocionado, consciente de la grandeza del misterio que se le ha encomendado… Eso me ha tocado mucho el corazón, y luego sus palabras, que creo que han sido muy acertadas, muy adecuadas en estos tiempos de guerras, de odio, de divisiones. Ese saludo “la paz esté con vosotros, la paz del Señor resucitado esté con vosotros”, es un signo de esperanza, es un rayo de luz en mitad de este mundo tan azotado por el odio. Sus primeras palabras a mí me han dado mucha paz, ha llegado hasta mí esa paz que él nos ha deseado, y le pido al Señor que ilumine al nuevo Papa, que lo sostenga ante las dificultades que sin duda le van a venir y que le dé mucha paz también. Y también le pido al Señor por todos nosotros, por la Iglesia, para que amemos mucho a este Papa, que no nos fijemos tanto estos días en de qué estilo es, de qué pensamiento político es. Eso no importa. Este es el Papa que ha querido el Señor para su Iglesia en el año 2025 y es el que tenemos, es el que tenemos que querer y al que tenemos que apoyar y por el que tenemos que rezar mucho y cómo no, quererlo mucho también».
El deán de la Catedral, José Manuel Ferrary, iba de camino al Centro de Estudios Teológicos, donde imparte clase, y explica que «la elección del Papa la viví con la misma intensidad que yo creo que lo hemos vivido todos los cristianos. Pasé delante de la casa de mi madre, subí a verla un ratito y me encontré con que, poco después, salió la noticia de su elección. Pero tardaban en salir, porque lógicamente eso requería un tiempo. Así que fui para el Centro de Estudios Teológicos, y alargué un poco el comienzo de la clase, justo el tiempo de que el nuevo papa saliera al balcón». El deán reconoce que «previamente no lo conocía, solo el nombre. Son momentos muy especiales, son momentos históricos ya vividos con papas anteriores y este, de un modo muy especial. Me ha gustado el nombre que se ha puesto, que rememora precisamente a León XIII, que, a mi modo de ver, fue un papa importantísimo, como todos los que le han sucedido, puesto que todos y cada uno ha aportado a la Iglesia y al mundo muchísimas cosas. Espero que siga la misma estela de los anteriores, haciendo lo posible para que la vida sea un poquito mejor desde la influencia espiritual que tiene, sobre todo, en cada uno de nosotros y de las personas que encuentran en el Papa una persona de mediación, de arbitrio, ecuanimidad, mirando siempre a aquellos a los cuales nadie mira, que son los más desfavorecidos. Y al mismo tiempo, pendiente de la Iglesia para que entre todos, con unión con Él, busquemos siempre la salvación de las almas, que es el fin más necesario y último que tiene la Iglesia».

